jueves, 5 de febrero de 2009

ENTRE LE MURS: EL MONTAJE INMATERIAL

Ya se ha dicho casi todo sobre Entre le murs (Permitidme que me quede con el título original), una película tan interesante por sus fondos (y lo digo en plural) como por sus formas (también en plural).

En la película de Laurent Cantet resulta atractivo incluso su modus operandi y su proceso de realización, que abarca todo un año académico de un instituto del extraradio de París.


Entre le murs no es un documental, aunque emplee técnicas documentales de diversa índole. Tal y como se ha dicho, la dinámica de trabajo consistió en la realización de unos talleres de improvisación por parte de los alumnos, arbitrados por el propio Cantet y el profesor François Bégaudeau (personaje real que se interpreta a sí mismo, y de cuya novela homónima surge la película).

El guión retoma elementos de la novela, y se deriva también del trabajo realizado en esos talleres con las aportaciones de unos y otros. Se alcanza así un guión tradicional que, ya en pleno rodaje, sirve también como base a nuevas improvisaciones y matices, tanto del profesor como de los alumnos.

En todo momento se utilizan tres cámaras Hdv (según imdb.com, aunque vista la calidad del resultado, yo diría que usaron un formato superior). Una de ellas se centra en el profesor. La segunda siempre cae sobre un plano bastante cerrado del alumno que habla. Y la tercera explora lo imprevisto, los detalles, las reacciones de otros, los movimientos…

Esta es una descripción somera de las tácticas cinematográficas de Cantet en esta película. Para más información dirigirse al nº 19 de Cahiers Du Cinema España, donde se profundiza en todo ello (y además hablan de un cortometraje que monté el año pasado, Consulta 16, de José Manuel Carrasco).

EL MONTAJE INMATERIAL

El montaje de una propuesta así cobra una importancia crucial e incide poderosamente en la construcción fílmica definitiva de la película. Del rodaje debió de surgir gran cantidad de material, no sólo por el uso de cámaras simultáneas, sino especialmente debido a las improvisaciones, la exploración y la investigación que, seguro, tuvieron lugar.

En un nivel metafórico, el montaje de un film no se ciñe sólo a la etapa de montaje material y a su montador, sino que empieza mucho antes y participan de él otros agentes.

Por supuesto hablo siempre desde lo metafórico, pero en un caso como Entre le murs, un film de construcción tan peculiar, resulta útil para indagar en el significado del montaje, relativizar su autoría y recordar su íntima relación con el guión y la escritura cinematográfica.

En primer lugar, desde el momento en el que Laurent Cantet toma la novela original y decide qué elementos de la misma le interesa desarrollar, ya está montando (Ya lo sé, ya lo se… La metáfora, ¿recordáis?). Ya en ese momento se inicia un proceso de montaje, pues tiene lugar una primera selección de material. El director ordena y abstrae.

Más tarde, en los talleres con los alumnos, que se desarrollaron durante todo un año académico, el montaje también está presente de varias formas.

Cantet dirige/coordina las improvisaciones y las observa, para llevar a cabo de nuevo una selección narrativa de lo que acontece, que irá rápidamente a escribir tras el taller.

También se monta al experimentar y llevar a cabo variaciones de las situaciones y debates propuestos, realizando combinaciones de todo tipo.

El director-demiurgo es también un observador de la acción, y esa acción capta su interés y dirige su mirada allí done sea necesario; primero al profesor, después a esa alumna que ríe, por último al alumno que está hablando… Su mirada está montando, seleccionando planos, su duración y su orden, en función del interés narrativo o expresivo de aquello que ve.

El aula es una sala de montaje viviente, y el autor puede cambiar una toma lánguida de un comentario del profesor por otra más enérgica y visceral, simplemente pidiéndosela. Es un campo de pruebas. Todos son partícipes.

Ya en el rodaje, cada uno de los operadores de cámara graba continuamente la acción. Llevan auriculares para recibir las instrucciones del director, quien dispone de tres monitores alimentados por cada una de las cámaras. Los operadores también montan en tiempo real. Toman elecciones propias del montaje. Cantet no puede mirar tres monitores a la vez, nadie puede. Inevitablemente, su mirada también elige qué pantalla mirar en cada momento. De nuevo, el montaje…

Un montaje inmaterial.

Todos elegimos qué mirar, durante cuando tiempo, a qué distancia y en qué orden, de forma inconsciente.

Eso es montar.

La gran diferencia es que en el montaje material de un film, ya con el montador trabajando, el fenómeno se vuelve consciente, y cada decisión, cada corte, la elección de una toma determinada, etc., debe responder a una razón y una intención definida, ya sea dramática o expresiva. Se aplica lo cerebral a lo visceral (a las horas y horas de material disponible). Más que ordenar un mundo en la ficción, se encuentra un lugar en él.

Sin embargo, para el espectador final de la película, el montaje vuelve a ser inmaterial. Esto es, el espectador simplemente mira y se produce la ilusión inconsciente de estar, simplemente, en medio de esa clase, eligiendo libremente la dirección de la mirada.

Es una ilusión, por supuesto. Eso es el cine.

El montaje de Entre le murs, de Robin Campillo (habitual colaborador de Cantet), es arrollador y expresivo. Pega al espectador a las frases y los rostros, y no deja espacio, apenas, para las respiraciones. Todo ello produce el efecto deseado y convierte el combate dialéctico constante entre el profesor y sus alumnos en una experiencia claustrofóbica y tensa, sin posibilidad de escape.

Estamos ante un buen ejemplo de cómo las mejores obras son aquellas en las que las formas, y en este caso la forma del montaje en especial, forman el significado; son el significado. En el otro extremo estarían las formas caprichosas y arbitrarias que sólo persiguen la exhibición, como en el caso de… (rellenar con el ejemplo deseado).

2 comentarios:

  1. Es decir... el guión ya es montaje, el director de fotografía monta, el propio director monta y... En realidad saldría más barato poner a un montador a hacer toda la película: escribirla, filmarla, dirigirla, y ya que se pone... montarla.
    Luego dicen que el trabajo del guionista no está reconocido... ¡Si es que hasta los montadores se lo apropian!

    Mundo hostil...

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  2. Bueno, también podría decirse que el montador es prescindible, ya que todos los demás también montan.
    O que todos escriben y dirigen de alguna manera.
    Es lo que tienen las artes industriales y colectivas...

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